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PostHeaderIcon INCENDIOS FORESTALES Y GANADERÍA EN ASTURIAS.

Los incendios forestales son la mayor agresión medio ambiental que sufre el medio natural asturiano. Aunque el medio natural asturiano sufre agresiones muy graves como la amenaza de las futuras autopistas eléctricas que sembrarán Asturias de líneas de alta tensión por los cuatro puntos cardinales, canteras y minería a cielo abierto sin restaurar, rasa costera invadida por el monocultivo del eucalipto, especulación urbanística sobre todo en la costa, contaminación y vertidos a los ríos, etc.,  los incendios y el daño que éstos  ocasionan a la pérdida de suelo y vegetación, la erosión, la destrucción de hábitat esencial para la preservación de especies en peligro de extinción como osos y urogallos, etc., se llevan la palma.

INCENDIOS FORESTALES  Y GANADERÍA EN ASTURIAS.

Por José Manuel Lago. Coordinadora Ecoloxista d’Asturies.

Representante de las Organizaciones ecologistas

                                                de Asturias en el Consejo del Fuego.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Los incendios forestales son la mayor agresión medio ambiental que sufre el medio natural asturiano. Aunque el medio natural asturiano sufre agresiones muy graves como la amenaza de las futuras autopistas eléctricas que sembrarán Asturias de líneas de alta tensión por los cuatro puntos cardinales, canteras y minería a cielo abierto sin restaurar, rasa costera invadida por el monocultivo del eucalipto, especulación urbanística sobre todo en la costa, contaminación y vertidos a los ríos, etc.,  los incendios y el daño que éstos  ocasionan a la pérdida de suelo y vegetación, la erosión, la destrucción de hábitat esencial para la preservación de especies en peligro de extinción como osos y urogallos, etc., se llevan la palma. En el año 2010 se produjeron 1.862 incendios que calcinaron 7.995 hectáreas; en el 2009 fueron 2.076 incendios y 10.393 hectáreas quemadas; en el 2008 fueron 1.741 incendios y 6.685 hectáreas; en el 2006 fueron 1.941 incendios y 9.543 hectáreas. En resumen, la tónica habitual de las últimas décadas viene siendo una media que se aproxima a los 2.000 incendios/año y las 10.000 hectáreas quemadas, con altibajos en función de las condiciones meteorológicas del año de turno. Somos la segunda Comunidad Autónoma con más incendios en relación a la superficie forestal, únicamente nos supera Galicia.

 

Éste es sin duda un panorama desolador, pero más desolador es aún  ver como los poderes públicos no toman conciencia del problema y hasta lo  minimizan tratando de restarle importancia. Salvo la Fiscalía de Medio Ambiente, que sí muestra un alto compromiso e intensidad de acción en la lucha contra este delito, desde el resto de los poderes públicos no es así, más concretamente la Consejería de Medio Rural, que es quien tiene las competencias en prevención, mantiene una actitud de excesiva dejadez, que tampoco es nueva ni mucho menos sino que es un estado de inercia negativa que viene arrastrándose desde hace  años. Y ahí radica uno de los mayores obstáculos a la hora de atajar el problema: La falta de compromiso de las Administraciones Públicas.

 

 

AJUSTAR LA PREVENCIÓN A LAS CAUSAS QUE LOS PROVOCAN.

 

La piedra angular en la lucha contra los incendios está en la prevención, y dentro de ésta en actuar sobre las causas que los provocan. En ese sentido, el legislador a nivel nacional ya lo tuvo muy claro a la hora de elaborar la  Ley de Montes, que en su artículo 44 dice: Los programas específicos de prevención de incendios se organizarán basados en las investigaciones sobre su causalidad y, en particular, sobre las motivaciones que puedan ocasionar intencionalidad en su origen.

 

Las causas que se encuentran detrás de los incendios  son muchas:

 

-          Despoblamiento rural y aumento de la combustibilidad de los montes.

-          Líneas eléctricas.

-          Favorecer la práctica de la caza.

-          Conflictos por la declaración de espacios protegidos o restricciones que  dictan las autoridades medioambientales.

-          Venganzas contra la Administración por algunas actuaciones.

-          Disputas por la propiedad de los montes.

-          Generación de pastos y quema de rastrojos.

-          Recalificación urbanística de terrenos.

-          Fumadores y otras negligencias, etc.

 

La clave está en averiguar en que medida y porcentaje cada una de estas causas  es la que se encuentra detrás de los incendios en una determinada región o comarca y actuar sobre ellas y no sobre otras. Por ejemplo, en Asturias no tendría mucho sentido dedicar grandes esfuerzos en adoptar medidas contra la recalificación urbanística de las zonas quemadas porque esa no es una causa relevante de los incendios que se producen aquí, como tampoco tendría sentido realizar grandes inversiones en mantener limpias amplias fajas en las carreteras asturianas por los incendios que pueda provocar una colilla mal apagada, ya que apenas existen incendios de este tipo.

 

En cambio, sí se deben centrar  los esfuerzos e inversiones en prevenir los incendios provocados para crear y regenerar pastos, que suponen más del 80% de los incendios en Asturias.

 

En primer lugar, voy a explicar de donde provienen estos datos del 80% para que no quede margen  de duda o discusión al respecto sobre su fiabilidad. Estos datos provienen de las Brigadas de Investigación de Incendios Forestales de Asturias, que investigan todos los años, de forma muy minuciosa, algo más del 50% de la superficie quemada. Estas Brigadas son cuatro distribuidas por todo el territorio regional, estando compuestas cada una de ellas por tres técnicos especialistas en investigación de incendios (dos Guardas y un Bombero). Sus investigaciones son muy rigurosas y exhaustivas, siguiendo un protocolo y metodología establecidos, configurando quizás uno de los operativos de investigación de incendios más potentes de todo el estado español. En resumen, la fiabilidad de sus cifras son de la máxima consistencia.

 

Por tanto, una vez establecidas las causas de manera incontrovertible, aquí se acaba el debate. Ahora hay que abrir uno nuevo: ¿Cuáles son las medidas más adecuadas para prevenir la  aparición de estos incendios? En este punto, sobre todo, hay que buscar medidas eficaces pero también eficientes. Quiero decir, eliminar la mayor parte del combustible de los montes sin duda puede ser una medida muy eficaz porque dificultaría el inicio y propagación del fuego, pero sería una medida ineficiente porque el coste económico resultaría desproporcionado y astronómico en relación a la meta perseguida. Por tanto, hay que buscar alternativas más realistas. Nuestra propuesta es la siguiente:

 

 

 

 

 

 

TRES LÍNEAS DE ACTUACIÓN.

 

1º> Acciones de información, persuasión y negociación con el mundo rural.-

 

Ante todo hay que aproximarse al mundo rural tratando de comprender el papel que siempre jugó el fuego en la cultura ganadera, lo que podríamos llamar la cultura del fuego. El fuego siempre se usó como instrumento de gestión de pastos, para deshacerse de los rastrojos de la cosecha, para limpieza de sebes y matorrales, etc. Por tanto hay que ser capaces de integrar las políticas de prevención desde esa realidad.

 

El primer paso consistirá en elaborar un detallado plan de actuación identificando uno a uno los pueblos y zonas donde se vienen produciendo incendios de forma sistemática. A continuación se programarán visitas y reuniones con los vecinos y ganaderos de dichos pueblos en las que se les transmitirá información seria y rigurosa sobre los efectos del fuego  en el monte a corto y largo plazo. Seguidamente se tratará de encontrar de forma consensuada con ellos las mejores soluciones y alternativas al uso del fuego en cada caso, en cada monte y en cada pueblo.

 

Toda esta operación, no va a ser fácil por la ancestral desconfianza del habitante del mundo rural hacia la Administración, porque se la identifica con la que imponen las  multas, cobra los tributos o establece  restricciones medioambientales muchas veces no muy bien entendidas en el mundo rural, por eso hay que ser muy cuidadosos y el programa debe ser desarrollado por personal entrenado en las relaciones con la población rural. En ese sentido, los equipos que se formen a tal fin deberán estar integrados por personal que lleve años trabajando a pie de monte, como son los técnicos forestales de cada comarca, los guardas forestales, los equipos de las EPRIF (Equipos de Prevención de Incendios Forestales) del Ministerio de Medio Ambiente y  especialistas en la materia del INDUROT de la Universidad de Oviedo.

 

QUE ESTÁ HACIENDO LA ADMINISTRACIÓN EN ESTE PUNTO. De momento prácticamente nada, salvo actuaciones puntuales y voluntaristas que casi por su cuenta  están realizando algunos técnicos o guardas forestales, y de forma un poco más programada las EPRIF del Ministerio en el tema de quemas controladas, que en cualquier caso en el año 2.010, por ejemplo, apenas superaron las 100 hectáreas, por lo que su incidencia es mínima.

 

2ª >  Propuesta de alternativas al uso del fuego para crear pastos.-

 

Cualquier medida que se lleve a cabo ha de partir siempre del presupuesto de haber sido previamente estudiada, debatida y negociada con los propios interesados.

 

En este terreno ya está todo inventado y por tanto no hay  mucho más que descubrir, lo que se tiene es que ofrecer a los ganaderos la posibilidad de contar con alimento para su ganado sin necesidad de utilizar el fuego descontrolado como forma de crear y regenerar pastos. Las líneas de actuación serían tres:

 

-          Roturación y mantenimiento de pastizales por los montes.

-          Desbroces de matorrales y monte bajo.

-          Realización de quemas controladas.

 

QUE ESTÁ HACIENDO LA ADMINISTRACIÓN EN ESTE CAMPO. Se están haciendo actuaciones especialmente en desbroces, y algo en pastizales y quemas controladas pero de forma muy insuficiente, y sobre todo lo que se está haciendo se está haciendo sin una planificación previa dentro de un marco  general de actuación.

 

3ª> Medidas coercitivas y de regeneración del monte.

 

Estas medidas se pondrían en marcha sólo una vez consolidadas las dos líneas de acción anteriores. Esto es así porque antes de reprimir se deben haber ofrecido alternativas claras y viables, y sobre todo haberlo hablado y negociado previamente con la población rural. Pero una vez realizadas estas actuaciones, una cosa debe quedar clara: Nadie puede obtener  beneficio de un monte  quemado. Las medidas coercitivas serían básicamente dos (aparte de intensificar más la vigilancia en los montes):

 

-          Prohibición del pastoreo en todas las zonas quemadas. Esto es así por un lado para favorecer la regeneración de la vegetación quemada, pero también, y en este punto hay que hablar claro, para ver si de una vez por todas son los propios vecinos y ganaderos los que ejercen presión social sobre los individuos que prenden fuego al monte, porque en los pueblos todo el mundo sabe quien prende fuego al monte, pero  el problema es que impera la ley del silencio cuando no la complicidad misma  con este tipo de delitos. Lógicamente, este acotamiento tampoco sería algo rígido e inapelable, sino que a solicitud de particulares y vecinos, y existiendo un informe técnico y/o social motivado, se podría levantar sin mayores problemas.

 

-          Retirada de las ayudas y subvenciones a los montes quemados. Parece  bastante lógico, si desaparecen los valores naturales, al ser quemados, por los que se están dando subvenciones públicas no tiene mucho sentido que se sigan dando ayudas a algo que ha dejado de existir.

 

QUE ESTÁ HACIENDO LA ADMINISTRACIÓN EN ESTE CAMPO. En los dos últimos años se ha avanzado bastante en este terreno vedando al pastoreo algo más de 1.000 hectáreas, pero resultan totalmente insuficientes, máxime si tenemos en cuenta que en estos dos años se han quemado 18.000 hectáreas de las que casi 15.000 lo fueron por motivos relacionados con la generación de pastos.

 

Pero sobre todo, insisto, cualquier medida deberá  ir  englobada dentro de un Plan Integral de Prevención de Incendios Forestales en Espacios Ganaderos, como el que acabamos de proponer, y no recogidas en actuaciones sueltas,  deshilvanadas y en muchas ocasiones con poca planificación como las que ahora mismo se están ejecutando, y además sin garantías de continuidad en el tiempo al no contar con soportes  legales y documentales claros y explícitos.

 

Asturias a 16 de marzo de 2.011.

 

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